Cuando la flecha de la báscula no baja

Cuando la flecha de la báscula no baja

Te levantas para ir a trabajar a eso de las 7 de la mañana. Miras la fecha en la que te encuentras y te pones nerviosa, “¡Es Lunes! Primera semana de dieta, tengo que pesarme”, y acto seguido te desnudas y vas corriendo a la báscula, emocionada, llena de ilusión, rebosante de alegría para comprobar cómo, en lugar de adelgazar un poco, unos gramos al menos, pesas un kilo más.

¡¡¡¡WHAT THE FUCK!!!!!

No lo entiendo, y como no lo entiendo no puedo entenderlo. Es así de simple para todo el mundo: si no entiendes algo, pues no lo entiendes y punto, ¿Y qué haces? Pues tienes dos opciones: preguntar a un especialista o entrar en Google. Por supuesto elegí la segunda opción.

¿Conocéis esa sensación en la que cada cosa que lees te deprime un poco más? Pues esa es la que yo he experimentado esta mañana. He leído de todo, desde que es cuestión de genética y no puedo adelgazar hasta que no he encontrado la dieta perfecta (lo cual no termina de cuajar porque creo que he probado la mayoría de las dietas mundialmente conocidas), y eso por no hablar de una web que me ha dicho que no consigo adelgazar porque no estoy mentalizada. Me parto. A ver si ahora va a resultar que la mejor dieta es mentalizarte, es decir, que puedo estar comiéndome una tarta de tres chocolates y no me va a engordar ni una pizca porque estoy pensando: “estoy adelgazando, estoy adelgazando”, o al revés, que estoy sin comer una semana y, como no me mentalizo, la grasa de mi cuerpo se multiplica como los Gremlins cuando tocan el agua.

Y el caso es que yo no me veo mal. A ver, no soy una niña mona, finísima y esbelta pero es que tampoco lo pretendo. Digamos que mi cuerpo es como una bolita rellena de puro amor… ¡Vamos! ¡Qué tengo más michelines que el muñequito ese de los neumáticos pero como me miro con buenos ojos pues me creo una mujer con elegantes curvas! El problema es que la semana pasada me fui de compras a diferentes centros comerciales y cada cosa que me probaba me hacía parecer un botijo o una especie de morcilla embutida. Y es que últimamente sólo hay dos opciones: o te compras ropa súper ceñida, de esas que no dejan espacio a la imaginación, o te compras ropa tipo saco, súper ancha y en plan oogie woogie man. Hay muy pocas tiendas de ropa, hoy en día, pensadas para mujeres voluminosas. De hecho, la mayor parte de mi ropa la compro por Internet donde las prendas, como estas blusas de tallas grandes, parecen estar pensadas para mujeres de verdad y no para sílfides.

¡Ojo!, que yo no le tengo manía a nadie

Tampoco es que yo sea una de esas personas que odia a las delgadas por el simple hecho de que yo no consigo estarlo, para nada. A quienes odio son a los diseñadores, a Inditex y a todo aquel que monte una tienda cuya talla más grande sea la 42 actual que, además, equivale a la 38 de toda la vida. Es que hasta pensando de manera comercial se cierran posibilidades porque si te fijas en lo que hay por la calle podríamos decir que sólo una de cada cinco mujeres tiene la talla que ellos venden lo que provoca dos cosas: la primera es que ellos venden menos (lo cual me importa bien poco la verdad) y la segunda es que las otras cuatro mujeres acaban teniendo que ir a tiendas especializadas que suelen tener la ropa mucho más cara (y esto ya me jode un poco más sinceramente).

Deberíamos revelarnos contra la sociedad actual y montar algún tipo de asociación que se llame “Gorditas al poder” o algo así. Sería como la revolución industrial pero sólo en el sector textil y sólo contra industrias para sílfides…. Aunque…. Pensándolo bien no lo veo….

No lo veo porque ya me estoy imaginando las noticias: “Un grupo de obesas ataca Zara”, “Mujeres gruesas contra la industria de la moda”, “Foquitas descontentas se rebelan contra Amancio Ortega”… Y luego la foto del artículo, que seguro que estaría tomada a mala leche y se me vería a mí con el puño en alto cual revolucionaria comunista y la cara desencajada de tanto gritar para que se nos oiga, apoyada por mis compinches de batalla, por supuesto, mientras un niño llora en brazos de su madre porque se cree que ha estallado la guerra y unas mujeres hambrientas y rellenitas se lo quieren comer.

Mejor nos quedamos como estamos ¿verdad? Pero no estaría de más que alguien levantara un poco la voz por nosotras, al menos de vez en cuando.

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