Helados en Invierno

Helados en Invierno

Como algunos de vosotros ya sabéis, yo me paso la mitad del año a dieta y la otra mitad preparándome para estar a dieta y la verdad es que eso es un rollo. Por ejemplo, si estoy a dieta hay mil cosas que me apetecen pero que no puedo comer, y si dejo la dieta un par de semanas para descansar, mi mente me dice: come lo que quieras, pero no te pases. Así que al final sigo sin comer todas esas gorrinerías que me apetecería meterme en la boca con gusto… eso ha sonado muy mal, pero me refiero a bollería, chucherías, chocolates y cosas similares.

Por eso yo siempre digo que tengo “placeres”. Llamo así a todo aquello que me apetece comer pero que no debo y que, al final, paso meses y meses sin probar. Por ejemplo, el helado. Soy una fanática del helado, no puedo evitarlo, y me da igual la época del año que sea, haga frío o calor a mí me encanta comer helado. Pero tampoco os vayáis a pensar que estoy como una cabra por querer helado con 9º de temperatura porque, aunque en España el helado es cosa del verano, hay muchísimos países donde se come durante todo el año: Finlandia, Italia, Holanda, Canadá… ellos no temen al frío así que ¿por qué habría de temerlo yo?

Obviamente, cuando pienso en helado, lo que me apetece es comerme una buena tarrina o una copa enorme de bolas de helado con cookies por encima y sirope de chocolate… riquísimo, pero “a falta de pan, buenas son tortas” y el año pasado descubrí que este yogurt helado de Smöoy es bajo en grasas, rico en proteínas y no tiene gluten. Lo malo es que cuando voy a pedir un helado de este tipo tengo que elegir, como topping, alguna fruta tipo fresa o algo así, porque si le añado sirope o algún tipo de “guarrería” deja de ser tan sano e hipocalórico, lógicamente.

A veces doy bastante pena en esos casos. Imaginad la situación: mis amigos o familiares quieren ir a tomar un helado y yo, toda emocionada, les digo que sí pero que, si me hacen el favor, podríamos ir a un Smöoy. Ellos acceden y vamos todos para allá y cuando llegamos al local, ante la vitrina, ellos empiezan a pedir sirope de chocolate con avellanas, extra de oreo, ositos de golosina, nubes y chocolate blanco coronando el trofeo. Lo más light que pueden llegar a pedir son fresas con doble de chocolate, y lo de “light” es sólo porque le añaden fruta al invento. Luego llego yo, que ya he babeado viéndoles pedir mil tarrinas de yogurt helado con los mejores toppings de la tienda, y la joven que está detrás del mostrador me pregunta : “¿Qué te pongo?”, y allá voy yo, con los ojos llenos de lágrimas, el estómago arañándome las entrañas y los ojitos puestos a lo “gato con botas” de Shreck diciendo: “Sólo quiero un topping por favor, kiwi”.

Mi alma entera llora, mi mente se arrepiente de haber propuesto ir allí y mi boca saliva como si quisiera comerse un cochinillo entero ella sola, pero yo, lo único que le doy es kiwi

La parte positiva de todo esto es que cada vez me hago más fuerte e inmune a las frivolidades de mis amigos. Cuando ellos vienen con algo de comida deliciosa y me lo restriegan por la cara mi mente dice: “buah… qué pavo… si yo ya llevo dos horas babeando por la tableta de chocolate que he visto comerse a mi sobrino…” Pero además he descubierto que también me hago más fuerte con respecto a mi cuerpo porque tomar helados en invierno tiene muchos beneficios.

Beneficios del helado

  • Son el tentempié o merienda perfecta para deportistas. Resulta que el helado tiene muchas proteínas así que si haces ejercicio a menudo y luego tomas un buen helado, tus músculos repondrán los hidratos de carbono y la glucosa que has perdido. A mí la parte que me falla de este beneficio es lo de hacer ejercicio antes de comer el helado. Es algo que no termina de gustarme… se me suele olvidar, no sé por qué.
  • Alivia la garganta. Es como cuando te operan de amígdalas y el médico te recomienda que comas helado, sólo que sin operación. El helado ayuda a bajar la inflamación de la garganta si estás constipada o algo. Además, por lo visto, si acostumbras tu cuerpo al frío, luego el efecto choque es menor y tienes menos posibilidades de coger un buen catarro.
  • Reduce el riesgo de infertilidad femenina. O eso es lo que dicen los investigadores de la Universidad de Harvard, quienes aseguran que los helados son buenos porque el consumo de lácteos enteros beneficia la ovulación. Llegados a este punto yo tengo un problema, y es que los helados que yo tomo se hacen con leche desnatada… (por eso de las calorías y tal…) pero a las demás seguro que les funciona.
  • Son nutritivos. Contienen fibra, lípidos, proteínas, minerales y aminoácidos. Mejor que los superalimentos esos que están ahora tan de moda.
  • Tienen mucho calcio. Por lo visto cubren hasta un 15% de los requerimientos diarios de calcio.
  • Reducen el estrés y disparan tu felicidad. A mí esto me pasa mucho. Es meterme una buena cucharada de ese sabroso dulce en la boca y empiezo a notar una especie de sensación placentera que llega hasta mi cerebro  y que me deja en un estado de “happy end” total. Dicen que lo que pasa es que se disparan las hormonas de la felicidad… “¡Viva el helado, fuera el estrés”

Sea como sea, está claro que no es nada malo tomar helado en invierno ¿Y a ti, te apetece un heladito estas navidades?

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