Un tío suertudo

Un tío suertudo

Tengo un amigo que siempre tiene más suerte que el perro flautista, lo digo en serio. Casi todos los años le toca la pedrea en Navidad, tanto en el sorteo del Niño como en el Gordo pero es que, además, le tocó un buen pellizco durante dos años consecutivos. También le tocó una vez en la Once, nada desorbitado, pero siempre viene bien una ayuda, y las dos veces que hemos ido al Bingo lo ha cantado él.

A veces pienso que a mí no me toca nada porque voy a su lado y él atrae más que yo el buen rollo, pero luego me doy cuenta de que cuando no está conmigo tampoco me toca nada y se me pasa el mosqueo. Ahora le ha dado por apostar en juegos deportivos y, aunque a mí eso es algo que no me mola (por eso de que engancha), he de reconocer que el petardo sigue teniendo una suerte pasmosa.

El mes pasado se quedó sin curro y, al mismo tiempo, su coche murió. No sé cómo narices lo hizo pero se cargó la junta culatas y le salía más cara la reparación que comprarse uno nuevo, o de segunda mano al menos. El caso es que el tío, ni corto ni perezoso, se metió en Sportstipspro.com, una página de apuestas deportivas, y en una sola jugada consiguió lo suficiente para comprarse un cochazo de segunda mano en Pardo Automoción. Después de eso ha jugado tres veces más y, en las tres ocasiones ha ganado algo, aunque de mucho menos importe.

Con los demás, no sirve

Lo bueno que tiene es que por ahora lo controla. Hace una apuesta este mes y a lo mejor no vuelve a jugar hasta dentro de tres meses porque, según él, sólo hay que apostar cuando ves que algo es tan seguro que merece la pena el riesgo o cuando es tan extremadamente improbable que, si ganas, te llevas una buena pasta. Sea como sea, el tío tiene tanta suerte que no es la primera vez que algún amigo le pide que le compre un décimo a su elección o apueste algo en su nombre. Yo lo he intentado también pero no funciona, creo que el karma sabe cuándo compra algo en su propio beneficio o en el de otra persona y, si no le mola el rollo, pues falla, así de simple.

La última vez que se lo pedí fue en Navidad. Le dije: “Elígeme un décimo para el Gordo”, y él me dijo: “Pues me gustan este que acaba en tres y este otro que acaba en 5”. Elegí el que acababa en tres y ¿sabéis que salió? El 5. No es que me hubiera llevado el gordo ni mucho menos, pero la devolución seguro, e igual también algo de la pedrea, nunca se sabe. Sin embargo elegí el 3, desdichada de mí, y perdí 20 euros.

Algunos nacen con estrella y otros “estrellaos”, ¡qué se le va a hacer!… Si alguna vez me tocara algo haría una fiesta, para devolver un poco de alegría al mundo, más que nada por eso de repartir ya que, con la suerte que tengo, igual si no reparto, me pasa algo y acabo perdiéndolo todo. Y es que a mí me va mucho eso del “una de cal y otra de arena”, lo malo es que en mi caso suele predominar  más la mala suerte a la buena.